miércoles, 18 de marzo de 2009

El Hijo de las Galeras

















Memoria sentimental
en blanco y negro

1939 es un año clave que supone el inicio de una nueva etapa en nuestra Historia. En todos los planos de la vida (económico, político, social, espiritual…) se viven las consecuencias de la guerra, y el mundo de la historieta no es una excepción.
La actitud predominante durante los primeros años se caracteriza por la intransigencia, la instrumentalización apologética de la historieta, la exaltación patriótica, la reivindicación de un nacionalismo trascendente y confesional, la erradicación de casi todo procedente anterior, la importancia de la censura, etc.
Ahora bien, la nueva cultura no puede partir de cero. Se intenta rescatar una tradición anterior en la que predomine la idea tradicional de lo español, se acude, así, a la España Imperial del siglo XVI, época en la que se encarnan los valores de heroísmo, catolicismo, centralismo, nacionalismo y proyección universal.
Otros rasgos historietisticos que definen estos primeros años de posguerra serán el desarrollo de una corriente belicista, la exaltación del destino trágico y noble de una generación abocada al autosacrificio, la exaltación política y propagandística, y, en menor medida, el cultivo de una historieta de humor.
Si bien ni considerado por la crítica literaria, para los que nacimos en los '40, los tebeos eran ilusión y evasión. Es difícil concebir el pasado sin las previas imágenes que nos transmitieron esos tebeos. Cuando al entornar los ojos trato de adivinar como eran los lugares de mi niñez, y es que todo ha cambiado mucho, quizás demasiado. Por esta razón es que hago ejercicios periódicos de memoria; los rescoldos del pasado no pueden borrarse y caer en los abismos fríos del olvido.
¿Cómo olvidar el barrio de la ciudad en que nací? Los amigos, los familiares y el marco en el cual crecí... ¡Imposible! Además, el recordar un pasado bastante difícil en la existencia cotidiana, me hace recordar tantos libros y tantos tebeos que, hoy, están invadidos por esa nostalgia gris y melancólica del ayer… Escribo y siento que estoy volviendo a mi adolescencia.
Sin duda, las experiencias de la infancia con aquellos tebeos mágicos, marcaron indelebles trazos en lo más profundo de mí. O, tal vez, debería expresarlo de este modo... aquellos tebeos reunieron los elementos necesarios para dar rienda suelta a la capacidad de soñar y evadir la realidad.
Sentados a la puerta de la escalera del Siscu donde leí una ingente cantidad de tebeos, mis sentimientos son de agradecimiento, ya que fueron para mí la base de mi posterior afición a la lectura.
Tal vez sea la nostalgia de los años perdidos lo que me ha llevado a escribir estas líneas sobre tebeos para el Boletín, de tebeos que cruzan por mi memoria, lejanos tebeos que hasta yo juraría estaban olvidados. Unos tebeos que al acercarme a sus páginas me invade esa sensación milagrosa del dibujo. Unos tebeos que me sumergen en el torbellino de la lectura.
Así me propongo, aunque sólo sea a modo de pinceladas, dejar plasmado como recuerdo uno de aquellos tebeos de aquella infancia ya tantos años perdida.
Tras una de esas impactantes portadas a las que nos tenía acostumbrados Gago, se escondía el primer número de:

El Hijo de las Galeras

El Hijo de las Galeras
Editorial Garga - 1950
16 ejemplares de 24x17
Dibujo Manuel Gago
Guión Pablo Gago

Como homenaje a los tebeos de El Hijo de las Galeras y a su autor Manuel Gago, que tantos momentos inolvidables nos hicieron pasar en los lejanos días de 1950, hagamos un breve comentario de aquella colección. Debo confesar, que al rencontrame de nuevo con el personaje, con motivo de estas líneas, me provocaba cierto temor, temor a destrozar uno de los muchos recuerdos queridos de aquellos ya lejanos años. Afortunadamente ha valido la pena y, aunque, naturalmente, no se puede ya ver las cosas con los mismos ojos de antaño, sigue pareciéndome una serie destacable.
El popular dibujante Manuel Gago, fue el creador de las series de mayor calidad media, dentro del limitado terreno del tebeo popular, durante los años 40/50 en España. Manuel Gago creó para el aficionado lector adolescente una serie de personajes, quizá irrepetibles hoy, pero… el sabor insustituible de aquellos relatos de los años 40/50, leídos en su tiempo con mentalidad juvenil, fascinada por aquella lectura, jamás podremos olvidarlos, quedando la deleitación de su recuerdo. El dinamismo del dibujo en El Hijo

de las Galeras, otorga a la serie una valoración positiva que se añade a la amenidad y brillantez narrativa.
El Hijo de las Galeras es una de las obras más brillantes publicadas en la España postbélica. Las razones van desde la presencia de una historia interesante y que se traduce en un guión técnicamente correcto hasta un dibujo que supera las limitaciones de trabajar con aquellos plazos de entrega. A esto hay que añadir el cariño puesto por Manuel Gago en su trabajo, Los números de la serie son un autentico compendio de virtudes, de sintetización, de narrativa, de resultados máximos con económicos medios, una vez más asoma la mano del artista que interpreta y deja su sello en cuanto toca.


Hablar de Manuel Gago es hacerlo de uno de los grandes del tebeo autóctono. La maestría de su dibujo tiene su paralelo en la facilidad que posee para la narrativa gráfica, que a lo largo de su carrera demostró en infinidad de ocasiones con páginas realmente antológicas. Un reputado artista, una leyenda en el mundo de la historieta española, un hombre tremendamente inteligente, trabajador y talentoso.
Basta con observar cualquiera de los números del Hijo de las Galeras para ver confirmado cuanto decimos. Gago firma un trabajo, donde su dinámico dibujo y acertada narrativa atrae hacía su lectura incluso al más reacio de sus detractores. No soy, desde luego, ningún experto, sino un simple aficionado, pero creo que para cualquiera que se asome a la lectura de este autor, le resultará evidente su dominio del medio
Gago es ante todo un soberbio narrador, que sabe encontrar siempre la planificación de la página más adecuada para cada escena, manteniendo a la vez el ritmo a pesar de las premuras a la que se veía obligado en su realización.
Por mas que se quiera ignorar, la década de los 50 supuso un notable paso hacia delante para la historieta española. Gracias a artistas como Manuel Gago que supieron ofrecernos unos trabajos dignos y de una calidad muy superior a la media decuanto se venia publicando anteriormente.
El Hijo de las Galeras supone una más que interesante y original aportación a la ya larga serie de títulos de este autor. Habrá, quizá, quien critique lo trepidante de la acción, pero eso es algo que no puede evitarse. Los personajes del tebeo son un espacio que marca sus límites contra el resto del espacio. Su vida consiste en figurar y su supervivencia depende de seguir destacando sobre el entorno. Por lo tanto la frecuencia de enfrentamientos y confrontaciones no suponen una tendencia particularmente morbosa de la historieta sino una adecuación a las posibilidades de la superficie sobre la que se desarrollan la mayor parte de sus ingredientes constructivos. Dichos tebeos fueron típicos y representativos dentro de la década de los cincuenta. Lo que sí me parece remarcable es la manera que tiene Gago de contarnos esta historia repleta de referencias, en la que todo recuerda a algo
ya visto y leído y que, sin embargo, deja un grato sabor, la lectura es tan fácil que todo se asimila con una sencillez que sólo las excelencias de un gran narrador pueden conseguir y Gago, sin duda alguna, era un excepcional narrador.
No sería justo terminar este breve comentario sobre el Hijo de las Galeras sin mencionar el a-

partado gráfico de las excelentes portadas de la serie que nos invitaban a la irremediable adquisición del cuadernillo.
Somos muchos los aficionados que echamos de menos a esos autores de los cuadernillos de posguerra, a pesar de según una critica elitista ha calificado a sus creaciones, salvo excepciones, como reaccionarias y portadoras de todos los ideales del régimen franquista.
A mí toda la ideología que se genero en torno a los tebeos de posguerra, llamados los cómics del franquismo, siempre me ha parecido un poco absurda en su momento. Ahora, ya desde la distancia, no se tiene mucho en pie.
Lo positivo de esto, es el que te obliga a estudiar con mucho más detenimiento los trabajos realizados en esa época con el fin de ser lo más ecuánime posible y no dejarnos influir por la nostalgia que aún hoy despiertan en nosotros.
Nunca me he planteado ser abanderado de algo, lo que reivindico es el tebeo como medio narrativo, co-
como lo hacían esos tebeos de posguerra, como lo hacían los dibujantes como Manuel Gago.
¡Pero no!, todo eso es silenciado y la única preocupación de quienes se ocupan de esos tebeos, es buscarles consignas facistoides, mientras tanto nos han ido invadiendo una pléyade de Superhéroes americanos o mangas japoneses, mientras la historieta autóctona yace en el panteón del olvido. No seamos ingenuos. La aversión a todo lo de una determinada época nos es más que una herencia USA. El país que produce los tebeos más fascistas y xenófobos del globo, se nos presentan como los waps, sin mancha alguna, como los guardianes de la democracia, su democracia por supuesto, en contra del fascismo y el comunismo. La globalización, aparte de la música, la comida, la ropa, la triste drogadicción imbécil, esta entrando a través de los tebeos. Y es que los tebeos, ni son fascistas ni son demócratas, son buenos o malos.
En resumen: "El Hijo de las Galeras" resulta una
obra a la que hay que prestar atención porque la elaboró un artista que en esta serie demostró, sobradamente, ser un gran historietista y porque leer un tebeo dibujado por Manuel Gago, es un retorno a las esencias perdida de la mejor historieta, se lee de un tirón y se disfruta.
Por supuesto, las valoraciones criticas e ideológicas son totalmente personales y no pretenden en modo alguno influenciar al lector, que es, evidentemente, libre de disentir plenamente con mi criterio.
Manuel López

1 comentario:

  1. Esta serie me la estoy leyendo ahora mismo. Está bien, se deja leer y es amena.

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