Mostrando entradas con la etiqueta Marcelino Visier. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Marcelino Visier. Mostrar todas las entradas

viernes, 13 de abril de 2012

El Guerrero y yo, por Marcelino Visier Sayago

No sé que puedo decir a estas alturas del Guerrero del Antifaz que no se haya dicho ya…hay escritos, foros, blogs, publicaciones especializadas que tratan a nuestro personaje favorito con todo el rigor y seriedad que se merece…incluso se escriben libros acerca de él, lo cual nos hace ver que está más vivo que nunca y que es inmortal, casi setenta años después de su nacimiento y más de treinta desde que su autor nos dijera hasta luego –porque no dudéis que él está allí, en el cielo de los genios, donde sigue haciendo dibujos magistrales al tiempo que Jimmy Hendrix sigue inventándose sonidos imposibles con su guitarra mientras Fofó les pregunta a todos a los que allí están cada mañana: “¿Cómo están ustedes…?”
Ni siquiera puedo acordarme de qué fue lo que escribí en aquel trabajo escolar en el que nos hicieron hablar acerca de nuestro héroe favorito. Si recuerdo que no dudé un momento en escribir acerca del personaje que encarna Adolfo de Moncada, y que por otra parte, nadie más habló de él. Seguramente ya no estaba de moda leer al Guerrero, quizá ya estaba empezando a ser considerado como un facha, un anacronismo, una rémora de una etapa oscura y triste que había que borrar de nuestra memoria, y claro, los niños de entonces no debían leer ese tipo de lecturas. O mejor dicho, los padres de entonces consideraban que era más instructivo para sus hijos las aventuras del Capitán América, Batman y el increíble Hulk. No sé. Lo que sí sé es que aún no puedo olvidar el estremecimiento que me supuso ver llegar ese día a mi padre con la colección coloreada a casa, ese olor a tebeo nuevo, esa montaña de papel poli cromática, aquellos posters del malvado Alí Kan, la bella y frágil Ana María, el leal Osmin, y por supuesto nuestro valiente y anónimo héroe, terror de la morisma infiel de malas intenciones y cristianos corruptos y sin escrúpulos a la par que rompecorazones involuntario que nos hizo ver que el amor, la amistad y los buenos principios no entienden de credos o razas si no únicamente de sentimientos…Me sedujo desde el primer día. Y lo más importante, nadie me indujo a leer nada, fui yo quién movido por mi habitual curiosidad empecé a leer sin que nadie me viera, a escondidas en la penumbra, levantándome antes de que sonara el despertado para robarle unos minutos al sueño en beneficio de mi disfrute diario. Y esto es algo que el que me conoce sabe que es imposible, ya que nada ni nadie ha conseguido hacerme madrugar así por que sí…Bueno, nadie excepto el señor Gago.

Así fue como llegué a leerme sus aventuras una y otra vez, incontables veces…y de tanto imbuirme en el fragor de sus batallas, seguramente se me fueron impregnando y asimilando en mi personalidad valores que por supuesto serán subjetivos ya que según he podido leer Manuel Gago comentó en varias ocasiones que su personaje no tenía más pretensiones que las de hacernos pasar bien a sus lectores. Pero estoy seguro que no, que él pretendía algo más, quizá es que entonces ni siquiera lo sabía o no se daba cuenta de ello, o es que acaso, como genio que era, su obra y mensaje iba mucho más rápido y lejos que sus manos a la hora de dibujar y su mente a la hora de crear, lo cual ya es difícil…O quizá simplemente es que en aquella época nadie podía salir del armario ideológico sin temor a represalias y lo primero es sacar una familia adelante…Valores como la amistad, la lealtad, la bondad, la justicia que no la venganza, el supeditar al bien ajeno sus propias apetencias o deseos…Cuando me miro a mi mismo ahora me reconozco en las lecturas de entonces, y es que, amigos guerrerófilos, somos lo que comemos pero nos hacemos a nosotros mismos con lo que leemos. Él fue mi primer amor en la ficción, nunca quise saber nada de Jabatos, Truenos, Alcázares ni nadie más…nadie pudo hacerle sombra, me entregué a él por completo. La morisma, las estratagemas, los voto a bríos y ese ¡Hola! Cada vez que acechaba un peligro se convirtieron en parte de mi imaginario y vocabulario
Pues bien, llegado el momento le aparqué casi para siempre, hasta que hace un año, dando un paseo invernal con el verdadero promotor de mi pasión por la lectura y el tebeo, en el Rastro madrileño, en un puestecillo pudimos ver la colección completa reeditada de los setenta a un precio irrisorio, casi insultante…así que no tuve más remedio que comprarla…Y volví a sentir aquella misma sensación que experimenté al ver llegar a mi padre cargado de facsímiles más de treinta años atrás…me volvió a conquistar. En ese instante, ese padre orgulloso de su hijo, me confesó que heredaría la inmensa colección de tebeos, comics e historietas que se ha ido haciendo en estos últimos años a costa de algún que otro viaje sin hacer y de no pasar de la puerta de los restaurantes. Y yo, como depositario de este inmenso patrimonio cultural de incalculable valor no tanto económico como sentimental, ya dada mi vocación ingenieril, decidí tomarme la empresa en serio y gestionar el legado correctamente. Y claro, de empezar por algo, nada mejor que el señor Gago y su creación estelar, el Guerrero del Antifaz.

Y aquí estoy, empezando de nuevo con mi amor de toda la vida pero viéndolo con otros ojos. Resulta que me he enterado lo que yo ya intuía, que de fascista no tenían nada ni el personaje ni el creador, que la edición coloreada que siempre había venerado no deja de ser una burda copia mutilada por censores ignorantes de la original en blanco y negro, que más tarde Manuel Gago creó nuevas aventuras en las que todo es mucho más real, pasional y más acorde a lo que debería ser la época aquella, que al conde de Roca le gustaba encamarse como al que más…pero que sus amigos de siempre seguían siendo sus amigos…nada ha cambiado en los sustancial. Así que he invertido una buena pasta en los últimos tiempos para ponerme al día, adquirir la edición original, nuevas aventuras, almanaques varios, libros especializados en la materia…y más cosas que espero ir consiguiendo, aunque ya me queda poquito. Sin pretender llegar a ser un erudito, ni mucho menos, si que pretendo llegar a ser un “enteradillo”. Y varias décadas después, lo leo con otros ojos, veo otras cosas, pero me sigo estremeciendo con su lectura.

Y como dice el tema de Mago de Oz, “no olvides lo aprendido, no dejes de comprender, rodéate de buenos y tú lo parecerás, rodéate de sabios y algo en ti se quedará”…Me he unido a un grupo de Facebook del Guerrero del Antifaz en el que hay personas que no es que sepan, es que aparte de muchos incondicionales del héroe enmascarado, hay verdaderos sabios guerrerólogos y Gagólogos, y hemos creado el embrión de lo que será la Asociación de amigos del Guerrero del Antifaz...y contamos con el apoyo de familia directa de Don Manuel lo cual me hace sentir mucho más cercano a él y a su obra…¿Qué más podemos pedir? Estoy ilusionado como hacía tiempo que no me pasaba, la felicidad se encuentra en las pequeñas cosas de la vida y no en los grandes proyectos, y vuelvo a sentirme feliz leyendo y descubriendo de nuevo este gran epopeya y su innumerable galería de personajes, que recrea todos los comportamientos del ser humano y desnuda los más intrínsecos rincones del alma. El Guerrero me vuelve a quitar horas de sueño, pero nunca me he sentido mejor.